Como institución defensora de los derechos humanos, reiteramos nuestro compromiso con la protección de la libertad de expresión, de reunión y de manifestación. Del mismo modo, reafirmamos la importancia de que estas libertades se ejerzan de manera pacífica y con respeto a los derechos de todas las personas.
Nuestra sociedad enfrenta desafíos complejos que requieren diálogo, escucha y construcción de acuerdos. La protesta es parte de esa conversación democrática y debe seguir siéndolo. Pero también debemos entender que la convivencia exige responsabilidad colectiva.
La firmeza en las demandas no está reñida con el respeto, la exigencia social no necesita de la violencia para ser legítima, y la defensa de una causa encuentra mayor fortaleza cuando se sostiene en la paz. Hoy, más que nunca, hacemos un llamado a todas las partes, a las autoridades para que escuchen con sensibilidad y respondan con responsabilidad, a quienes se manifiestan para que mantengan viva la fuerza de sus causas a través de acciones pacíficas, y a la sociedad en general para que privilegie el entendimiento por encima de la confrontación.
Los derechos humanos encuentran su máxima expresión cuando se convierten en puentes y no en barreras. Por ello, debemos apostar por el diálogo genuino, por la capacidad de escucharnos incluso en la diferencia y por la construcción de soluciones colectivas que atiendan las causas del malestar social. Ninguna transformación profunda surge del silencio, pero tampoco de la ruptura permanente.
Los cambios que perduran nacen cuando una sociedad es capaz de convertir sus desacuerdos en conversaciones y sus demandas en acuerdos. Jalisco necesita más voces que se expresen, más ciudadanía participando y más espacios para el diálogo. Necesita también la convicción de que los derechos humanos se defienden ejerciéndolos, pero igualmente respetando los límites que hacen posible la convivencia entre todas y todos. Porque una manifestación pacífica no debilita a la democracia, la fortalece. Y porque el respeto a los derechos de las demás personas no limita nuestras libertades, les da sentido. El camino hacia una sociedad más justa siempre será el de la palabra, la escucha y el diálogo.